22/02/2009

Aqui dentro

Aquí fuera es solo un caparazón vacío el que ronda por las calles, el que habla disparates y se presenta ante tus ojos, aquí fuera no tengo idea de la plenitud, aquí fuera soy feliz, pero solo de momento, solo unos minutos antes de darle paso al incurable llanto, antes de lamer las paredes pedregosas buscando el sabor que se filtró al abismo, de exhibir la necesidad del alimento constante, de la palabra, de la dependencia de las circunstancias para reír o lamentarme.


Aquí fuera soy un títere controlado por la estatua, soy la mano atrapada por el torbellino de murmullos, el monstruo que se come la escalera, el desagüe que se lleva las gotas de triste sal.


Aquí fuera me encuentro prisionero. Aquí fuera necesito volver.


¿Volver?


No me siento preparado, pero nunca lo sabré hasta que me encuentre frente a frente. ¿Cómo puedo saberme preparado si el laberinto siempre cambia? Me aterra la idea de regresar pero necesito hacerlo. Aquí fuera estoy muriendo en vano, estoy desperdiciando las posibilidades, aquí fuera me doy cuenta de que estoy cayendo lejos y no me muevo, así que después de un grito de guerra silencioso, de los que se gritan antes de intentar la hazaña, me quito de encima el saco, me desabotono la camisa y la dejo a un lado, aflojo las agujetas de los tenis y con la mano los empujo del talón para que se caigan, deslizo los calcetines fuera para establecer un vínculo directo con el suelo, me desabrocho el pantalón y junto con la ropa interior los bajo al piso y me deshago de ellos para ser mas sincero frente a mi, sin velos; sin disfraces. Camino hacia el espejo y me detengo indefinidamente, analizo la imagen imperfecta de mi cuerpo que rebota hacia mis ojos, espero paciente a que suceda, a que se presente la señal. Me disgusto, me odio y no me acepto, pero permanezco ahí por largo tiempo, las horas pasan hasta que de pronto ya no soy yo el que se mira. Veo el cuerpo de alguien que observa su reflejo , veo a alguien que se desconoce, que no se entiende, que se ha perdido, veo a alguien que se ve y caigo en cuenta de que en algún instante me quedé sin piel, desnudo completamente ante el umbral de la inexistencia, he dado un paso frente al cuerpo que permanece en la línea divisoria. El – ahí dentro – se convirtió de repente en – aquí dentro – y vacilo por el vértigo provocado en la repentina transición.


Cierro la puerta que desaparece con su propia imagen y sonido, tal vez después encuentre otra que me regrese a un lugar visible, pero no será la misma. Nadie más puede entrar porque se ha esfumado el conducto, nadie puede seguirme porque no he dejado rastro escudriñable.


No tengo mi cuerpo, he dejado mi piel y por lo tanto carezco de sentidos, solo me queda la refracción del pensamiento, el recuerdo de los colores y el eco de las voces que parloteaban en el exterior, memorias frescas que se irán desvaneciendo lentamente hasta convertirse en silencio, tenues manchas que perderán sentido y forma hasta volverse etéreas.


Aquí dentro nunca es igual, por lo que me pregunto donde estoy sin referirme al lugar ni al tiempo que describen mi entorno, sino a la interrogante del paradero de aquella indefinible sustancia que solía tomarme como suya y hacerme ser quien hoy ya no soy. Éste no es un viaje al pasado, es un viaje al presente de ayer en el que busco encontrar lo que me hacía ser y traerlo de vuelta. En algún lugar me perdí sin dedicarme despedida ni desearme buena suerte, en algún lugar tomé la decisión sin estar conciente de ella y me convertí en algo que no hubiera querido ser.


Aquí regreso a buscar la referencia, el mapa en blanco que me guiaba, aquí dentro debo estar escondido, desperdigado en pedazos que debo hallar y unir de nuevo. Alguna visión me arrastró de vuelta, quizá el eco del desesperado llamado en el alma que ansiosamente anhelaba el reencuentro, quizá el grito de la identidad confiscada por la perversidad del espejo, el sonambulismo patrocinado por la banalidad que se ofrece en cada esquina de la calle.


Aquí dentro no hay distancias, pero necesito un transporte que me lleve hacia mí. Aquí dentro no hay caminos así que cualquier dirección es factible pero no cualquiera me llevará hacia el destino que busco, aquí dentro el miedo se convierte en un monstruo quimérico que me tragará si no encuentro la confianza necesaria para dejar de preocuparme por mi, aquí dentro la culpa será la cadena perpetua que nunca mas me dejará sentir el placer de estar vivo, la vergüenza petrificará el movimiento voluntario y seré una estatua de sal que se dejará llevar por el viento al paso del tiempo. Si cedo al dolor de las heridas causadas, secaré mis venas y nunca más mi corazón podrá palpitar. Aquí dentro lo cierto no es un punto de referencia confiable, lo único verdadero soy yo y para eso he venido. Si caigo rendido ante el canto de las sirenas quedaré atrapado por siempre. Vine hasta aquí para encontrar al ser que no soy y poder en el hoy de mañana decirme quien fui.


Avanzo sin dar paso y se atraviesa frente a mi el presagio que siempre llamó a la puerta pero nunca escuché, el que al tocar profetizaba el vómito provocado por un grotesco deleite, el que me prevenía para que no me convirtiera en cuscuta, ácaro o en un tibio pedazo de carne ambulante, la voz que me advertía sobre la mediocridad, el susurro que me aconsejaba no temerle a la vida, sino a la existencia vacía. Una parte de mi, me encuentra vagando y se convierte en mis pies, en mi transporte, en la roca que lo soporta todo.


Consigo mis pies pero me pesa el pensamiento. Hay tantas distracciones que llaman; una moneda de oro dibujada en papel que se rompe, una boca teñida de rojo que agita la lengua y se lame los labios, una sonrisa condicionada interesada en volver, una mano que porta un puñal, que iza una bandera roja en el mástil de un barco imponente, el sol que la quema, un frasco con lágrimas que lo apaga y un insoportable espesor. Este sitio es denso y desgasta, tengo tantos pretextos para esconderme que la lista parece interminable, ninguna justificación es ociosa, ninguna explicación es vana ó mendaz y es lo que hace tan pesada la carga, pero ningún impedimento puede ser mayor a la posibilidad de lograrlo por lo que debo encontrar la razón, el propósito de estar aquí, para intentarlo cuantas veces se requiera.


Dentro se presenta el flujo. Con un rostro mucho más crudo que el que solía mostrarme allá afuera donde lo consideraba perfecto, el fluir se vuelve un muro que se cierra entre el deseo y el destino, que si bien no entierra una daga al corazón, tampoco bombea la sangre requerida para nadar constante, porque por mas que intento, no puedo caminar sobre el agua, así que me sumerjo y me planto en el fondo del río con los pies firmes, con la intención de adquirir la fuerza necesaria porque soy débil, porque la levedad no me enseñó a luchar; tan solo me dijo como no salir lastimado, como deshacerme del miedo, como renacer de la muerte, me enseñó a ser ligero, a deslindarme del ancla, me preparó para flotar pero nunca para nadar hacia donde yo quería, porque me enseñó a querer lo que tenía, pero nunca a tener lo que quería, jamás me enseñó a querer tener y ya no quiero nada. Me convirtió en un navegante sin compás en alta mar con un cielo sin estrellas.


Aquí dentro, en el fondo permanezco, sorteando las corrientes que arrastran al que no tiene un ancla. La mía son mis pies que se funden con la arena, mi ancla no es para permanecer por siempre aquí sino para retar al movimiento involuntario y encontrar la forma del flujo que me permita maniobrar virtuoso en este río, para dejar de ser la balsa sin remos y convertirme en el lagarto que se desliza a donde quiere. Recuerdo mis brazos y mis manos que no sabían nadar allá afuera porque nunca lo intentaron, porque siempre dependieron del capricho de las olas, del deseo del viento y de la fuerza de la marea, recuerdo su debilidad, las imagino y de una vez por todas decido extenderlos como si quisiera detener el cause. Entonces como si hubiera sucedido, mis pies violentamente tiemblan como efecto del impacto producido y me doy cuenta de que solo bastaba decidirme para que sucediera, solo era necesario dejar a un lado la creencia del error y la influencia mal nacida del fracaso.


Consigo mis pies, mis manos y mis brazos pero después de tanto tiempo desespero, siento que me encuentro abandonado, ansioso de estar ahí a tu lado, de regresar y olvidarme de mí, de volverme imprescindible para ti aunque esté incompleto, aunque sea el extraño del espejo quien te hable y te sonría, aunque seas la sirena que me cante y que me pierda. Aquí dentro hace tanto frío que a pesar de no tener mi cuerpo me congelo, entonces creo necesitarte, te invento y apareces frente a mí sin expresión. Empuñando una daga me revelas que solo basta un paso mío que me acerque a ti, para que lances tu brazo hacia mi pecho y atravieses este corazón entumecido. Estoy conciente de mi distracción, se que no me debería importar el frío, ni la daga ni la muerte ni tampoco tu presencia, porque he venido a encontrar los pedazos que perdí, no a conservar los que vinieron luego, pero aún así vacilo, porque estás en medio del camino y solo puedo continuar si traspaso tu cuchillo con mi corazón.


Aquí dentro la vergüenza y el dolor le lanzan cuerdas con espinas a mis pies para que no se muevan, pero mis manos las cortan con su nueva fuerza y me liberan, doy un paso y tu brazo hostil se abalanza encajando la daga que empuñabas en mi pecho y estalla en llamas, se incendia por el choque de los poderíos, la frágil vida resulta transgredida por la estocada de la muerte y mis pedazos arden en cenizas. Con el viento vuelan, con el vuelo se recuerdan y entienden que esta muerte no es en vano, sino que es la oportunidad para renacer de nuevo.


¿Dónde estoy? ¿Cómo era la sustancia que me hacia ser? Recuerdo que era mucho más ligera que la que hoy me constituye. Sería tal vez porque era joven, porque no se había tropezado, porque no había caído tantas veces en la porquería. La sustancia era más pura. ¡Oh es que en verdad lo era! ¿Qué pasó en el camino? ¿Cuales fueron los instantes decisivos? Fui perdiendo mi rumbo a la vez que encontraba el del rebaño, cambié mi credo por canciones populares, mi rebeldía por una sumisión inexplicable, cambié el amor por un querer y luego me perdí en la huida. ¿Dónde quedó la tela de los sueños? Solo escucho realidades falsas anunciadas por la engañosa voz de la experiencia, que si la fortuna no sonríe, solo muestra una rápida salida. Fui creciendo, al menos eso dicen allá afuera, no me consta, no les creo y por eso vine de regreso, porque se que nada permanece y quiero cambiar hallando mis antiguas partes y olvidando las que hoy no embonan.


No era mi cuerpo de ayer el que volaba, eran los sueños que gestaba; porque eran libres, eran puros y no se contenían a la espera de la suerte, salían sin preguntar el estado de la situación, no les importaba si acechaba el peligro o la traición, eran ellos mismos, auténticos, inalterables por lo ajeno, eran al fin y al cabo sueños, sueños que se fueron, sueños que hoy no tengo.


Voces inquisidoras gritan que soy el responsable de los reclamos, de los tuyos y los míos. Las voces ardientes intimidan mi confianza empequeñeciéndome, declarándome culpable de haber puesto la mirada en ojos ciegos, de hablarle a la pared. Culpable de éste frío, de no encontrar el amor y depender de su recuerdo. Culpable de no entender la reacción y aún así no exigir explicación. Culpable de ser tan inocente. Culpabilidad que surge del deseo de que las cosas fueran diferentes, de conseguirme otra vida, de seguir otros pasos, de sentarme a esperar la llegada de mejores circunstancias. Culpabilidad que no acepto, culpabilidad de la que me absuelvo.


Estoy completo de nuevo, soy mi cuerpo ahí afuera, aquí dentro soy el pedazo de universo comprimido en la sustancia que me llena. Frente a mi hay un espejo, es la puerta de salida, es la insignia de la nueva vida.


Me transporto...


Este cuerpo desnudo que observo en el espejo es parte de mi ser. Ahora que salgo de ahí dentro me gusta, lo amo y lo acepto porque es la única herramienta que tengo para explotar las posibilidades, es el único vínculo a este mundo material, es el permiso por tiempo limitado para hacer lo ilimitado.


Con este cuerpo estoy conciente de nuevo; de que la belleza no se encuentra en el exterior, sino en la inexplicable y profunda perspectiva, de que la felicidad no está en lo recibido, está en lo creado y en lo dado, de que de nada sirve entregarme si no me pertenezco, de que no tiene sentido el flujo si no existe un motivo, de que éste cuerpo poseído por ésta sustancia, es el conducto perfecto para encontrar el lugar… donde la nada existe.